LXXXVII. "Última Vez, ¿Sí?
"¿Última vez... Sí?
Nunca es suficiente, nunca es suficiente,
¿Por qué algunos lo dejan pasar, pero yo parezco tomarlo con calma?
Que tan maniaco y sesgado es mi confort para no sentirlo como amenaza,
Dejan sus banderas rojas, y me restriegan robándose mis pocas nociones de dignidad.
Y está bien, al final quisiera admitir que me acostumbré a la mala vida.
No quisiera ser el único postrado y varado en la deriva por miedo escapar.
La libertad se retrae, viene y se va de mis sentidos como serpentina.
Nadie celebra este cumpleaños, así que solo me rindo y la dejo varar.
Esta isla llena de cicatrices parece quererme, es una amada desquiciada.
Puedo huir, pero la arena me llega a estrangular al mi pie tocar al mar de la libertad.
Señales de humo, trazos volátiles en la arena;
El mar, sin más, parece cambiar de bando,
Y ahora extermina algún rastro de lo que dejé en su lado.
Agarro, y parece mi último minuto para observar
Como la esperanza se humedece,
Mis delicadas y cortantes manos corroe.
Su atentado, tanto a ella, como a mí,
Parece hacernos entender que ya no hay rastro más de lo que fui.
Solo el cielo, testigo y mi sepultador, sabrá el dolor que salió de mis dedos.
Y el grito que egoístas gaviotas negras retumbaron en su cerebro aquella noche.
Y despiertas del peor sueño: ser un náufrago rodeado de archipiélagos,
Tan cerca en tu descompuesta vista,
Lejos de tu corazón enlodado.
Musitas, desganado, quizás marcando tu última palabra
En las erosionadas rocas que vivieron más que tú.
El destino, tan inoportuno, las olas arremeten,
Arden como aquellas palabras que musitaron algunos
Hace tan pocos eclipses y en sus mentes ya no tendrán su sitio;
Pero no habrá mañana donde resplandezca cuanto daño eso hizo,
Incandescente quemadura, su salvaje soleada me traspasó en la piel.
Y sus disculpas se evaporan estúpidamente sencillo,
Era humo de palos acoplados;
Y lo que mi herida duró fue estúpidamente demoroso.
¿El mío? incendio de troncos furiosos.
Esta isla sentirá la ira de esos quienes callaron por mantenerlos juntos.
Fragmentos atacan violentamente, las palmas se retuercen despavoridamente.
Y quizás la empatía me capturó al último momento,
Y justó comprendí que torturé al inocente y absolví al miserable.
Maldita sea la justicia, tan agría como para buscarte y hacerte el culpable.
Y por fin te puedo admitir que tengo miedo, porque así de fácil se vuelven indelebles.
Como mapa, marcando los puntos de referencia, cada punto es una culpa inolvidable.
Que efímera es la felicidad, que fulminante es la debilidad.
Fingiste sana y jurada lealtad, y lo resignificaste en infidelidad.
Poca gloria para ti, porque me juraste misericordia y esparciste discordia.
Se arremolinaron debiluchas ganas de buscar otras islas.
Y si pudiera resentirme de lo que nunca cobró vida adentro
Prometería no dar la cara nunca más hasta destrozarlo entero.
Por más reme, y reme, lo que avanza es mi fin,
Como progresivamente se alza la bandera blanca,
Dejar sumergirme, o consumirme,
No parecen mala idea luego de ver mi dinastía colapsar.
Está bien,
Si por aceptar a quien sea sus sometimientos
Puedo regresar al mundo de los queridos...
Será este el momento donde perdí mis raciocinios.
Y está bien, al final, en mi última decisión,
Escapé de la prisión paradisiaca,
Y arribé otra vez en tierra de desolación.
-Ricardo Antonio Mena Madera
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