LXXXIV. Habrá Más Navidades
Habrá Más Navidades
Aroma del café peculiar aromatizando cada esquina,
Nieve atraída en las ventanillas, armonizando esta escena.
Con el hospedaje de sentir calidez fraterna cualquiera se da por servido,
Pero... ¿Qué podría justificar quienes añoran sentirse querido?
Quienes viajan entre mundos, realidades en las que se pierden,
“¿En qué mente podría caber aquella maquiavélica meta?”
Quienes sonreían, pero por sus adentros se desahogaban,
Quienes aguantan, pero en la minúscula ocasión se derrumbaban,
Quienes expresaban, pero que nadie en cuenta lo tomaban;
Quienes toleraban, pero en este plano ya no están.
Los blues contagiosos en esta blanca navidad tocando,
Música pegajosa, las cosas que uno genera en esperanza;
En una época de amor y paz, ¿Quién vive con la lanza en el pecho?
Nunca será fácil ver del otro lado de la perilla,
Viendo los copos caer, el quebrantamiento en la hebilla.
En la espera de que otro nos abra la puerta, esperamos en la oscuridad;
Por más profunda sea la vista, el eco que resonará no quisiera sea el de tu pérdida.
Habrá más navidades, no intentes tomar la rienda del lazo como cierre.
Quizás el polvo nublará la vista,
Quizás el humo se esparza en tus respiros;
Pero habrá más navidades ahí afuera.
Acostado solo, el otro lado de la cama en un frío irreal,
Lo complicado de sentir la compañía, la presencia de alguien real.
En una navidad gris, nunca dejes de latir;
Si necesitas más de mí, nunca dejes de desistir,
Mientras este aquí, nunca te tendrás que ir.
Se debe ser fuerte para admitir que no siempre el calor abundará en nosotros.
Es un punto de no retorno, todo cambia, pero seguimos igual;
Pero, quisiera cumplirte el regalo de darte felicidad sin un precio abismal.
Solo... aférrate a la idea de que Santa llegará para verte sonreír
Toquemos el piano, un villancico de tus favoritos.
Aguanta, y saboreemos la dulce sinfonía de nuestros cantos.
En esta noche de paz, en una noche de amor...
Te dedicaría las canciones que te hagan mejor.
En ti, la estrella que brilla en eterno fulgor,
En mí, la cándela de frías mañanas para brindarte calor.
Y si alguna vez no llego a estar aquí más...
Habrá más navidades donde soñarás mis melodías.
Yo... no quiero pensar en lo que pudo ser de mi destino:
En un otoño que duró poco, y en mi memorial se volvió eterno.
Ni una solución, ni una opción llegaba a mí,
Y cuando mi par de esferas se cristalizaron de tanto cargar...
El incendio del árbol navideño se llegó a propagar.
Cuando lo vives, en la vida puedes llegar a sentirlo como trivialidades.
Se adhiere como la piña de la discordia, se pega como lagañas,
Y cuando las épocas lleguen a su fin, cuando todo empiece otra vez;
Con el muérgano entre dientes lloraría de admitir que no fue la primera vez...
Ni la última, porque habrá más navidades.
Así como mejores, nadie te prepara para las peores.
Ahí entendí que no importa que tan firme sea el carbón,
Solo importa cuán pura sea la madera que talla mi corazón.
Y si por acto caritativo sigo aquí escribiendo esto...
Que sepas no me cansaré de hacerlo por ese lamento.
Ten por seguro que afrontaremos todo esto juntos.
Solo... no te conviertas en una memoria de una navidad gris,
Agarra mi brazo, y déjate sentir que nunca me iré.
La luz puede cegar, y el cristal te puede cortar.
Es una dificultad, pero que podrás superar.
Ni la peor herida convertirá tu esencia en viento de año nuevo,
Sólo... contraataca y abrázame hasta que llegue un joven olivo
A la espera de inaugurar de otras navidades.
Y quizás, en un tal vez,
Plante nuevas oportunidades.
Las lágrimas se convertirán en miel,
Ahí sanará toda usurpación de tu piel.
Construiré contigo el mejor muñeco de nieve,
Aquel que se derrita, pero que resista cualquier declive.
Cuando tengas noches en plena soledad,
Recuerda mi poema y no tendrás más que soportar porque...
Habrá más navidades,
Habrá más soluciones.
Santa llegó...
Santa bajó...
Santa te observó...
Santa te abrazó.
Santa llegó...
Santa bajó...
Santa te observó...
Santa... te abrazó.
-Ricardo Antonio Mena Madera
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