LXXXV. A Mi Manera

 


A Mi Manera

Cuando eres alguien en un mundo tan grande

Te cuestionas hasta por lo más trivial.

Ser suficiente no significa ser eficiente,

Pero si ser eficiente no llega a ser suficiente.

¿Por qué sigo esperando que para todos yo lo sea?

Porque si pierdo el anhelo de escribir,

Solo sigo la misma forma de morir.

Porque si dejo ir lo que me hace distinguir,

Siendo que todos de mi decidirán destruir.


Mi única capa, mi sola compañera.

El héroe que no me conoce, pero yo lo hago mi dote.

Mi fe en el temor que la destrucción se aproxime.

Que con su exigencia taciturna me exprime.

Cuando me callas, en tu palabra de envenenamiento,

Me presiento día a día no entender más mi propio lenguaje.

Ni a mi propia manera lo que alguna vez llamé mi paisaje.

Desde la contaminación de tu propio estiércol,

No he podido sanar desde mi desastroso descontrol.


Me pides más,

Me pido más.

Si no puedo mejorar jamás.

¿Quién entonces me amará?


Si el arma ya ha sido utilizada,

No queda más que la llama pasada.

El mismo golpe de gracia no se puede usar dos veces,

Lo que te hacía único en tu repertorio, termina en pesadumbres.

Mi propio castillo, lleno de vacíos que yo alguna vez llamé mis hijos.

Nacen de mi propio cuerpo, de esto que llame cabeza.

Pero presiento algún día escasearan.

El reino se derrumbará, las villas en incendios.

El rey ha muerto, él mismo se ha matado.


Ni la dulce serenata de agrados

Me quitarán estos prejuicios amargados.

Cuando eres mejor en algo gradualmente

Sientes una deuda que nace prematuramente.

No obyectas, son puras exigencias.

No refutas, son puras mejoras.

Te mientes propiamente,

El galante que se cree extraordinariamente.


¿Mi futuro es el arte, o atenderte?

Entre la psique de un desvivido

Puedes encontrar algún herido.

Las garras de viejos ancestros paraméntales

Que quizás de ahí es la razón de varias poeticidades.

Mi manicomio casero, del que no se escapa

Por cuestiones genéticas que se adhiere como estampa.


Si te pierdo, mi don que no sé ni de dónde salió,

El que alguna vez fue tu recipiente para tu traducción

Será la erradicación de alguien que extravió su comprensión.

En este jardín de pasifloras tan ocasionales, como repetitivos.

No queda ese santuario que varios poemas me han descrito.

El contraste que cruce, entre el entendimiento o el resentimiento.

Odio mi propio valor por querer hacerme el experto que siente.

A mi manera, es la razón para hacer él que quiere perderte.

Ni en mares encontrarte, ni en el aire respirarte.

A mi manera, seré el que quizás nunca podrá justiciarte.


A mano armada, solo tengo la boca y el diccionario,

En mi momento bajo me encontrarás con los ojos y mi diario.

Contando las tragedias, las que me hacen de mis escritos desidias.

Cuando el experto cae, en depresión se recae,

Y si mi arte se ha inundado de tanta tristeza,

Me queda más que ninguna forma, solo pereza.

A mi manera, es para salir de esta flaqueza.

A mi manera, estoy harta de tanta falsa gentileza.


Lo lamento, en la medida de lo posible:

Los poemas son solo una mancha deleble.

-Ricardo Antonio Mena Madera



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