LXXXIII. ¡Quema!, Y Otras Veces: Quema...
¡Quema!, Y Otras Veces: Quema...
Me encanta jugar a las escondidas,
Y más si tú estás añadido en las reglas.
Qué inocencia no escaparía atolondrada al mirarte;
Eres tan jodidamente hermoso hasta asquearme.
Con esos ademanes, con esos detalles.
Eres mi amigo de infancia, pero no me valdría rapiñarme en ignorancia
Si ese camino de chistes embobados son mis pasos para juegos de extravagancia.
No hay ninguna sola alma que no te haya deseado,
Parecieras aire para cualquier oxígeno implosionar.
¿Son mis órganos suficientes para que en tu cabeza me atrevas a pensar?
Carajo, pareciera perder la cabeza solo imaginando,
Pero me has hecho caer en cuenta que me das pura cordura,
Mal fabricación de fábrica, supongo, me haces mezclar mis fluidos químicos.
¿Cómo alguien se podría enamorar de su mejor amigo que solamente adoraba?
Quizás alguna vez lo dudaste, aunque me mandes fotos de tus curvas de las que daría mi insignificante vida,
Ni en mis pictóricos fluviales de pirotecnia jodiendo mi vagante funcionalidad
Me hace recordar cuando deseé a alguien maquinando y maquinándolo sin temer perecer de su beldad.
Sabes lo que somos para el libro sagrado antiguo:
Par de pecados, par de pecadores.
Fallamos siguiendo en trayecto recto la castidad;
Caminamos en el puente holgado sin virginidad.
¡Rápido, escabullámonos a la puerta del abismo!
Bajemos más y nunca saboreemos el cielo.
Juguemos a las escondidas hasta acabar en celo.
Pasemos el amanecer, recónditos entre fortalezas de la cama, esperando el sol,
Observándonos, atestiguándonos como la cera recorre, evaporando los calores de susurros sigilosos.
Por ti, me derretiría con tal de que tu recubierto templo me absorba y me evangelice,
Incluso regatearía a la suerte un pase asegurado para domarte en tu combustión espontánea.
Esta bomba nunca explotó hasta que con tu mirada, par de lupas exorbitantes, sofocaste el temporizador,
Pretendiendo presagiar el camino del placer que recorra nuestra sangre bendita.
Mientras, prometamos mantener este secreto a espaldas de sacerdotes y creyentes.
No queremos combustionar las llamas exuberantes que sobresaldrán de nuestras podridas venas.
Agua bendita, sensualidad exquisita.
Es tan peligroso como en nuestro gozo no damos ni un carajo ser modestos.
Al carajo, venerarte quema e incinera como cerbero cabalgando los anillos infernales.
Quédate junto a mí, podríamos aparentar ser felices
Aún solo queriendo suplir nuestros deseos lúbricos.
Ensamblando y recorriendo el mapa astral, acoplando dos universos fallidos,
Falsificar toda una relación, con tal de siempre tener acción,
Me quema no quererte, no agarrarte, y no preservarte.
Me hiere la saliva en escarlata virgen recreando tus presuntuosos malabares.
Cuando me abrí, esperando lo mismo de ti... cabizbajo imploraste al extasiarte,
Y otra vez la maldita rutina, esto solo me hace querer detenerte.
Qué carajo, si soy cruel en lo sensible, me estanca resina no mantenernos estables.
Y de nuevo sigo estando repitiendo lo que difícil entiendes,
¿Te haces el imbécil o de mis declaraciones no recibes señales?
Hablo, e intento comunicar algo que del otro lado se convierte en vapor,
No sé si seré yo, o si seré siempre yo, pero las lágrimas se irritan del calor.
Estamos predestinados a estúpidos libros de jóvenes buscando algo que no pueden balancear
Mientras pretenden vivir el sueño más salvaje en cuentos que ni Dios podría la ceja alzar.
Lo siento, lo siento, lo siento;
Lo siento, lo siento, lo siento.
Mi corazón no está latiendo,
Mis emociones se están batiendo.
Me estás ahogando, y siento que solo te estoy apaciguando.
No estamos destinados a estar juntos,
No estamos escritos para cachar respiros.
En fin, que otra vez estoy hecho trizas.
Y maldita sea la verdad detrás de incómodas risas
Que si alguna vez hubieras sido abierto conmigo
Tus piernas cerrarían más fácil
Y tu corazón sería más ágil.
Te atrapé, tú las llevas;
Me dejé, pero así son las reglas.
-Ricardo Antonio Mena Madera
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