XVIII. Tierra de Nadie
Tierra de Nadie
Constelaciones que transpiraron momentáneamente el olor de desosiego;
Parecieran espías encomendados, milicias de sus puntas finísimas.El mundo entero pareciera tratarnos como herejes;
Sea agua y tierra, furiosos mares cruzaremos para demostrarles
Como posibilidades ínfimas se convierten en garantías
Cree en mí, por favor, sé que parece imposible,
Pero si nos sacrificamos lo suficiente puede llegar a ser rentable.
Los secretos solo lo son cuando ambos salimos beneficiados,
Son revelaciones en el momento donde nos dividimos y coexistimos.
No somos el hito definido en un mutualismo,
Somos la desencarnada ficción de un amor edulcorado de surrealismo.
Cáliz dorado, cuan centelleante como la fricción
De los dientes crea una física reacción,
Me compadezco; me acoplo al sumergir,
Elixir, la periferia encrucijada degollando cuellos,
Manos de crueles amores, de tus calamitosas expectaciones.
Soy algo en la tierra de nadie, pero embarcado a desmoronar el carácter.
Felices, articulando el son de apocalipsis al creer esto el fin de la elipse
Incrédulos forajidos, vertiginosos corredores, apodados “mortis”.
Y seguimos pagando el peaje al alquilar engañosos montajes espirituales
Para simular los cielos altos que nuestros cortos dedos le sean obscenos.
No escapamos en vano por la palabra de santos y latinos;
No pereceremos con tal de amordazarnos: romance inadecuado...
¿Verdad?
Desperdiciamos oportunidades, cuantitativas alternativas;
Y nos ahogamos encerrados en la jaula dorada, pertinente puesta de sol,
Superpuestos entre pedazos, concebidos,
Porque al mismo tiempo estamos vivos y muertos,
Ni aun con la teoría cuántica sabemos propósitos y destinos.
Sea misericordiosa la corte divina cuando el tiempo se nos esté acabando;
Sea piedad que exclame por la que siempre tuve fobia a surcar el cielo.
No quisiera residir en hueso y carne en la tierra de nadie, bendice mi alma.
Te he observado atisbar la luna con mirada taciturna,
Parece carente de mi agrado a su quinta ocurrencia.
¿Soplé demasiado rápido en el trapo bendecido?
¿Esfumé los destinos o solo atraje el juicio final de los dos?
Ambos somos culpables, por bastardear actos que ni empero fueron reales.
Solo corrimos, y corrimos, nos engañamos de estar escondidos,
Y cuando nos atraparon, la sombra de forajidos a nuestras espaldas,
Juraría haber vivido nuevamente la misma experiencia.
No reencarnación, solamente pura autorrealización.
Aun en esta tierra de nadie, nos atraparon orando al jurador equivocado,
Obsesionados a juntos memorizar, atormentar, y jurar perdón y su dedo bendito;
Nos perdimos en el camino, con la fe de quizás juntar sitios,
Chocamos, saltamos, y caímos en la tierra santa por siglos.
No fuimos creados para seguir al mismo cristo,
Forzamos como ciegos creyentes un paraíso
Idealizado como nihilismo de consolación.
Brutal impacto de alas gemelas al ceder convertirse en cenizas,
Amedrentamiento y sometimiento para la eterna lucha de bandos.
Y sí, fingimos tanto que éramos los elegidos, que caímos
Ante el primer indicio de que podríamos convertirnos en santos.
Miramos arriba, jamás a la derecha o izquierda,
Pactamos no mirar atrás, y quizás fue la sorpresa armada
Por el destino en que algo del más allá nos vio y quiso hacer una jugada.
Y si en esta tierra de nadie, ambos nos jodimos;
¿Quién será el siguiente de sus próximos discípulos?
¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?
El paraíso empieza donde el humano es incapaz de alcanzar.
-Ricardo Antonio Mena Madera
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