XVII. 42
42
Como encapsular la brillantez en mis mejillas, pintadas como artesanales muñecas;
Mientras oblicuo las danzas patrióticas como jerga con mis tocayos, los arrimados.
Posando y bailando, lo imagino desbordando en este condado;
Vestido arrebolado, el maquillaje desparramado,
Es una de estas noches donde dejaré todo salir, y ni los pueblerinos tendrán que saber.
Dos pares de calles me separan del sueño frustrado y mi rol asignado;
Mi cuñado, el superior, jamás tendrá que saber o si no mis hábitos serán contados.
Son mi resentimiento y la culpa de sentirme extraño que me hacen estar alocado,
Salvajemente abierto de piernas, mientras el bricolaje se desacomoda en mi cuerpo carpintero:
Fácil de demoler, sumiso a las órdenes de los fluidos que me vieron nacer.
El espectáculo ha empezado, yo con el shock me quedo pasmado:
Lindas damiselas paganas como sus telas de porcelana barata
Posando y augurando las sinfonías jocosas de la fiesta incógnita,
Sus giros, sus movimientos, el salón reverbera gritos y aullidos.
Qué fructuosa melanina resulta la armonía de fracasos genéticos,
No estamos perdidos, solo nos dimos por vencido.
Aquí y en cualquier mundo, ojos nos yacen de podridos.
Mi atención recae a la maravillosa bailarina anónima,
Que sus acrobacias tan ágiles como aztecas guerreros
Parecen cautivarme como perfume abundante de sus pómulos,
Tan reacios, tan adictivos, parecen ser pomelos.
Ricos frutos, pero parece más allá su apariencia...
Delicadeza como palma en tacto, sus dedos y rizos en contacto.
Pasar ser la falseta, su carisma me parece genuina careta.
Mi grande amor no es la destinada a conmigo casarse,
Es la que bailará junto a mí antes de hartarme e irme.
42 segundos me toma dar el paso en frente, la música para;
Como siento las piernas paralizarle, mi corazón se contrae.
Mientras los vestidos colindan, la iridiscente calma en sus patrones florales...
Solo la primavera me resultaría bella si las flores posan sobre sus pies.
Me resigno, me persigno, y Dios que me ha fallado, quizás hoy me haga el honrado.
Hablo, mi voz tosca parece tomarle el tiempo para posarse directamente a mí,
Gira esporádicamente, el disco rayado del vinilo parece controlarle.
“Hola” La angelical sinfonía de sus labios parece descontrolarme.
Palabras fluyen, parece que la música no solo será hoy quien me deleite.
Armónicamente, parecemos compás y ritmo esperando que el tempo sea quien esto detiene.
La noche continua su curso, yo y él quizás estemos listo para el “concurso”.
El afortunado entre la decena parece tener el pase al cielo en un cuarto oscuro,
Bailamos, pero jamás pegados. Ambos cumplimos lo que nuestra vestimenta intuye.
Mil amores podré hacer desperdiciado, incluso el mío actual sin mis manos conjugadas,
Pero valdría la pena arriesgar mi estatus por compartir danzas, las aquellas como tú de autor.
Nunca había caído por alguien tan fuerte,
Ni aun bailando en las vías abandonadas torpemente.
Solo son esas señales que parecen aconsejarme, quizás, violar el honor consagrado
De un matrimonio arreglado.
No estuvimos destinados para estar juntos, somos clavos sueltos.
Por más que nos martillen y martillen, no parecemos soltarnos.
Con violencia e impotencia, parecen mantenernos sellados.
Y mi amor, por esta noche, haré esta lucha por juntar nuestros labios
Lo que parece el sitio más encantador en el que pude estar...
Terminó como el sitio donde mi secreto tuvo que terminar.
42 segundos toman para escuchar los gritos de varios;
42 segundos son los necesarios para tomar todo y escapar...
Pero me toma más de la cuenta por a ti alcanzar,
Y arrancamos a escapar, mientras el salón maldito se desborda,
Como el maquillaje ahora parece acomplejarme,
Globos explotando, las mesas como refugios tirados.
La carnicería ha empezado para los “no alineados”.
Alcanzamos hasta donde esta casa nos deja más admirar la luna,
Luna de sangre. Parece la revuelta abajo caer al infierno,
Pero no hay cielo a donde subirnos, estamos aquí, en la deriva.
Y con la adrenalina arremangando mi furia, nos damos a la fuga.
Prefiero escapar de la decisión de a donde ir que saber en dónde me postrarán al morir.
[…]
Y... escapamos, lo logramos.
Aun con esta victoria, la garganta me sabe agridulce,
Con los vestidos destrozados, con delineados desalineados,
Perdimos lo que alguna vez fuimos en recónditos cobertizos,
Perdimos la tierra donde podíamos ser nosotros mismos.
Lloras, y aun con las lágrimas desbordando conmigo,
Deseé mantener un poco la calma que hubo en el baile,
No hay compás, ni música de melodías de aquellas.
Pero parece el latido de nuestros corazones estribillos de orquestas...
42 son los latidos que sincronizamos,
Etéreo y el deseo solo eran los instrumentos,
Nosotros, éramos la voz de los sonetos.
Y cuando todo terminó, prometí jamás olvidarte.
Cortamos el cruce a algo, y me escabullí al despedirte.
42 eran los “asquerosos” miembros...
Pero 41 fueron los presos.
Aquí estoy yo para decirte los hechos,
Primavera, son estos días donde recordarte son mis castigos,
Y mi amor, ahí quizás seguirá con florales vestidos...
Solo incompatibles por la vergonzosa línea de los linchamientos.
-Ricardo Antonio Mena Madera
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