XVIV. No, No Eres El Mejor, Menos Superior

 


No, No Eres El Mejor, Menos Superior


Noté como seguías en la habitación,

Se acabó la charla, y ahora deseas discusión.

Enciendes la llama apagada de alquitrán,

Golpeas tu pecho como “alfa” ... y como orangután.

¿Soy tan ignorante como para sorprenderme aún en tiempos modernos?

Parecieran seguir sobreviviendo en las cuevas como seres prehistóricos.


Lo que digas, solo son excusas,

Lo que piensas, son solo mentiras.

Lo que es correcto, son solo manipulación del gobierno.

Su genio tan terco es como masturbador buscando talco:

Hasta que no acaben matando vidas, no se mantendrán calmados.

Ojalá transmitir lo errante en inteligente, que creen traspasar materia,

Y salir de sus oratorias disfrazadas en opinión abajo de la tierra.


El cloroformo parece haberte afectado,

Tus labios blancos y escamosos, como carne de cerdo.

¿Qué tal las pequeñas mentiras blancas?

Ahora parecen combinar con tu mismo mantra.

No te desmayes del impacto, hazlo por el tamaño de tus actos.

No tomas parte, pero tampoco quieres formar parte.

Quién seré yo para opinar de cosas ajenas si de todos modos soy culpable de estas matanzas.

Con la incredulidad brotando de mi sonrisa por millones, pareces querer tomar cartas:

Si apostamos en el mismo juego,

Prepárate para tener ásperos sentidos que un manco forajido ciego.


Y si en tu psique desordenada, aún tiene sentido ganar nada,

No comprenderé como has vivido sin poder observar lo negro de tus dientes.

Ninguna carie, pero apestoso de racistas malolientes.

Te atreves a alzarme tu supremacía, como si este debate fuera libre democracia,

Justificas ser bueno con ayudar al cambio climático...

Bueno, dime, ¿qué se siente no hacer ni un carajo?

Eso me muestra un esplendor de tu maestría de lunático.

Solo déjame recordarte que nacemos encadenados,

No eres bueno por ser mejor,

Eres peor por creerte un ser con pudor.

Y no hay excremento más penetrante que privilegiarte a ti mismo.

Solo faltaba tu brazo alzar donde el sol se orinaba en los nazis matar.

Y quizás el patrón extraño de tu comportamiento me hace sospechar...


Tus discursos de odio son como cáncer, silenciosos no, pero fatales nunca perecerán.

Qué insignificante resulta tu expresión cuando a todo lo que justifican libertad

Es a ver quién en el calendario les toca tirar mierda como olimpiadas de la subnormalidad.

Y si en sus teléfonos, cobardes de cobre, les resulta su mayor fortaleza,

No son más que virus esparciéndose como rabia en el campo de guerra.



Progresismo, wokeismo, como cliché usan el “ismo” como arma,

Y vale, dos pueden jugar el mismo juego si tanto deseabas sangre y matanza.

En cuanto a pensamientos, tú eres la musa del imbecilismo.

No tendrá corriente, pero tú lo cargas de electricidad con tu cabeza de dopaje.

En fin, que sinceramente, si la sobrepoblación tanto te preocupa,

Haznos el favor de agarrar tu afilado cuchillo cargado de animales inocentes

Y rasga las cuerdas vocales hasta imitar una guitarra de seis cuerdas.

No importa que desafinado sea tu canto funerario, suena igual que tus surreales ideas.

Es matar a los débiles lo que importaba, a fin de cuentas,

Eso admitías, ¿no?, Amante de Charles Darwin, danos esas buenas noticias.


Creen tener la última palabra,

Yo diría más bien que quieren hacer del mundo su colorida caravana,

En su burdel de fantasías; de lo que quieren proclamarse maestros de las objeciones.

Buscan bienes mayores: no para ti; no para mí, para sus fieles mamadores.

Se tragan las palabras pegajosas como si fueran horchatas jugosas.

Parece funcionarles, no los critico, idolatría es devoción errónea.

Y si escuchar como la caca sale es su fanatismo,

¿Quién soy yo para hacerlos de menos por fetichismo?

Que putaismo es vivir con tantos estupidismos.


Pero decían que la eutanasia preservaría lo mejor de autodenominarnos humanos,

Dime que piensas luego de ver tantos disparates en parpadeantes segundos.

¿Y les dejamos a ellos tan impunes de mostrar sus secretos más inhumanos?

No lo haré, si me tiran el cuchillo, deberán matarme hasta haberlo cumplido.

Sus juramentos, contra los míos. No viviré hasta verlos aprisionados.


-Ricardo Antonio Mena Madera

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